Mientras los días pasan, el sol y la lluvia juegan a adueñarse de las mañanas y las tardes, intercalándose, alimentándose de nuestras palabras y los sentimientos que generan en nosotros al ver el brillo en nuestros ojos cada atardecer, casi anaranjado, casi veraniego, brillo nostálgico. Por estos días las cosas van cambiando, de lugar y de destino, algunas se disponen a traer el pasado como un reflejo de los meses que vendrán... otras se disponen solo ha generar una distracción pasajera, originando una fugaz sensación de mariposas en el estómago con alas primaverales que poco a poco van secándose por falta de un corazón sensibilizado, van convirtiéndose en hojas secas de otoño, un otoño que comparte tanto los mismos recuerdos como las mismas tardes, el mismo pasadizo en el cual se encontraba el cofre azul que guardaba las fotografías del verano anterior. Las buenas cosas mal dispuestas, recuerdos mal dispuestos, ocultos en la sombra de nuestros ojos, cargadas de miedo, inseguridad y querer...

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